Inicio > de sacos y agujeros > El despiste del conductismo

El despiste del conductismo

Lunes, 26 de Octubre de 2009 Dronte Dejar un comentario Ir a comentarios

Citoyen, el autor del magnífico blog “la Ley de la Gravedad”, pregunta si es despistado. La cuestión, es cierto, tiene ramificaciones profundas en filosofía de la mente y de las ciencias cognitivas. En general, su entrada es buen resumen de dos des aproximaciones metodológicas al estudio del comportamiento (que, como veremos, al final son parte de la misma).

Lo que voy a tratar de explicar es que la posición “conductista/funcionalista” que propone, no puede ser en absoluto neutral en cuanto al funcionamiento interno de la mente. O, más bien, que del esfuerzo por mantener dicha neutralidad resulta algo poco útil. No obstante, aunque el asunto es claro en psicología, puede que se me esté escapando algo en torno a la cuestión económica. Ya veremos.

La historia de la psicología científica, una vez dejó atrás la pesadilla del mentalismo, ha ido oscilando entre dos grandes concepciones del comportamiento, que aquí llamaremos, “conductismo metodológico” y “conductismo sustantivo o radical”.
– El conductismo metodológico toma a la conducta como indicador, justo como dice Citoyen que hace la economía.
– El conductismo sustantivo busca, en cambio, la estructura funcional de la misma; es decir, define el comportamiento en virtud de su, digamos, “contenido intencional”, de su objetivo.

El problema del “conductismo metodológico”, como percibió pronto Skinner, es que bajo su pátina de neutralidad necesita ir introduciendo hipótesis auxiliares para sostener una teoría predictiva. Así, Hull y Tolman empezaron a introducir variables (biológicas o teóricas) desde muy pronto.
Es interesante caer en la cuenta de que la psicología cognitiva e incluso el materialismo eliminativo es una consecuencia histórica del “conductismo metodológico”.

Y es que para que una función de utilidad sea relevante, ha de ser predictiva (o podamos hacer un uso predictivo de ella); y para ello, debe añadir a su estructura descriptiva esa serie de hipótesis auxiliares que ¡ajá! versan sobre el funcionamiento de la mente. En el caso de Samuelson, la consistencia; si no partimos de que existe la posibilidad de que haya una conducta consistente, no hacemos economía, hacemos el tonto.

Al nivel que nos interesa, no vale que las hipótesis auxiliares no pretendan la descripción de los mecanismos cognitivos: lo hacen.

Categories: de sacos y agujeros Tags:
  1. citoyen
    Miércoles, 28 de Octubre de 2009 a las 00:56 | #1

    No sé, no me termina de convencer o no termino de entender lo que dices. Te pongo un ejemplo.

    Cuando usas un modelo concreto para explicar un problema sólo necesitas que el comportamiento sea consistente. Para que el patrón sea el mismo, el mecanismo subyacente da relativamente igual.

    Un ejemplo. Piensa en la historia original del dilema del prisionero (dos presos encerrado en habitaciones distintas, bla bla bla). En ese caso tienes dos individuos. Sin embargo, puedes usar el mismo modelo, por ejemplo, para hablar de relaciones internacionales (las preferencias americanas son exageradamente consistentes cuando las ves históricamente) o partidos políticos que querrían colaborar pero no lo hacen. Obviamente, un individuo, un partido o un Estado no tienen los mismos mecanismos cognitivos -¡no tienen mente!- pero sí se comportan de forma sorprendentemente similar. La hipótesis auxiliar- la consistencia- no versa sobre el funcionamiento de la mente, versa sobre el patrón de comportamiento.

  2. Dronte
    Miércoles, 28 de Octubre de 2009 a las 17:52 | #2
  1. Sin trackbacks aún.