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Democracia económica: Un discurso que hay que hacer

Domingo, 25 de Octubre de 2009 Dronte Dejar un comentario Ir a comentarios

La crisis ha hecho que muchos despierten del sueño dogmático del Fin de la Historia. Se abre la puerta para lecturas “débiles” de la tesis de Fukuyama, que manteniendo los logros del proyecto moderno (que nos son pocos) acojan la idea fundamental que nos escupió a la cara la posmodernidad: que la diversidad es irreductible. La nación como representación (“un hombre, un voto”) ha saltado en pedazos mostrándonos una estructura compleja que sobrevive en virtud de la misma interacción de su cuerpo social.

Ahora, en muchos casos, queda un sentimiento de orfandad. Prolifera el hambre sueños mejores, de ideas y programas nuevos. Lo que muchos olvidan es que las revoluciones no se hacen inventando algo nuevo, sino re-ordenando lo que ya existía. Es la mirada de “bricoleur” la que a través de los siglos ha separado y ensamblado piezas pre-existentes para crear algo radicalmente nuevo.

Es eso lo que las Indias buscan en la Democracia Económica. En este sentido, de Ugarte sostiene en su ultimo post que el cooperativismo anda en plena “indefensión aprendida”, yo creo más bien que el Movimiento Cooperativo clásico es incapaz de dar el paso que él propone.

Sobre todo, porque al discurso cooperativo le falta lo más importante de un discurso público, el Nosotros. No encuentro el enlace, pero el mismo David nos recordaba como Enrique V en su arenga a las tropas, el día de San Crispín, construye un nosotros radicalmente nuevo: “[e]l que hoy vierta conmigo su sangre será mi hermano; por villano que sea, este día le hará de noble rango”. Este día, esta batalla, esta idea es la base de ese nuevo nosotros, ese nuevo sujeto social que impulsa el discurso shakespeariano.

El cooperativismo se ha quedado en los valores, ha desistido de las “ofertas”; se ha quedado en los compromisos íntimos, los de la comunidad inmediata, los de el nosotros con letra minúscula. Ha sido incapaz de articular un discurso renovador porque cada cooperativa tiene un árbol que no le deja ver el bosque.

Hubo muchas veces que las cooperativas presentaron batalla (Guide, Le Vooruit, Mondragón, etc…) pero al final quedaron instrumentalizadas por discursos y objetivos exógenos. Pero ahora empieza el siglo de la fraternidad, tenemos los conceptos, la tecnología y las metáforas para cerrar el discurso cooperativo y prepararnos para la guerra.

Si se gana o se pierde, Dios dirá. Conste que yo (más radical o más ciberpunk) creo que la clave sigue estando en las ciudades: aunque no negaré que las filés son bastante atractivas.

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